Resiliencia
Confiamos en la capacidad de la persona para hacer frente a las dificultades apoyándose en los recursos y herramientas que ya tiene y construyendo nuevas en el camino.
Como el diente de león, que echa raíces allá donde el viento lo lleva, el Centro de Psicología Raíces las ha encontrado en Calle Curtidores, 1, en Valladolid, en un espacio físico donde acompañarte con cercanía y a tu ritmo.
Y, para quienes el viento os lleva más lejos, también trabajamos de forma online.
Calle Curtidores, 1, 47006 Valladolid
El mapa se carga desde Google Maps, que puede instalar sus propias cookies. Más información.
Este proyecto ha crecido guiado por tres valores principales que forman la base y sostén de nuestro trabajo.
Confiamos en la capacidad de la persona para hacer frente a las dificultades apoyándose en los recursos y herramientas que ya tiene y construyendo nuevas en el camino.
Acompañamos con sensibilidad, empatía y respeto hacia la persona, a sus ritmos y sus decisiones.
Construimos un espacio para que te conozcas, te comprendas y te respetes. El autoconocimiento nos permite colocar nuestras vivencias y crecer, a un yo más libre, más sano, más presente.
Si quieres conocer un poquito más sobre ellos, te invito a leer este post del blog.
La forma de trabajo
Desde el Centro de Psicología Raíces trabajamos principalmente desde psicodrama y EMDR, dos enfoques que van más allá de la palabra y que nos permiten pasar por el cuerpo la experiencia para conectar con ella. Conectar es un paso necesario para transitar, aceptar y colocar en el cuerpo ese malestar.
El psicodrama nos invita a poner en escena, a través de la acción y del movimiento, aquello que muchas veces no encuentra salida solo con la conversación.
Representar, dar espacio y forma a nuestras vivencias nos ayuda a comprenderlas y a poder transformarlas desde un lugar diferente al racional.
El EMDR es un enfoque orientado al manejo de situaciones difíciles y/o traumáticas, donde permitimos la conexión emocional con el evento vivido para poder desatascarlo, integrándolo de una forma más sana, reparadora y liberadora.
Pasando por el cuerpo lo difícil nos permitimos verlo, se hace más real, y solo así podemos transitar las experiencias de una forma duradera, cuando nos permitimos verlas. Comprendo que ver lo difícil duele, pero el dolor es una puerta que debemos atravesar para conectar con la calma interna, con la aceptación. Permítete ir a tu ritmo.