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Valores y pilares del centro

Rebeca García Medina ·

“Desde mis raíces, te acompaño a las tuyas”

Este centro nace de mí, de lo que soy y de lo que creo importante en un proceso terapéutico. Por eso quiero compartir contigo los tres valores que construyen los pilares del Centro de Psicología Raíces: resiliencia, cuidado y crecimiento.

La resiliencia es la capacidad de una persona para adaptarse y seguir adelante frente a las adversidades y dificultades apoyándose en sus recursos y herramientas y, en muchos casos, descubriendo otras nuevas en el camino.

El nombre y la flor de este centro surgen, en parte, por este concepto: las raíces del diente de león permiten regenerar una planta entera en lugares difíciles, entre los huecos, adoquines de las aceras o las grietas que se crean en el cemento del suelo, usando la energía de sus raíces para regenerarse, para crecer y expandirse.

En un proceso terapéutico ocurre algo parecido: la persona conecta con momentos difíciles de su vida y activa partes oscuras de su historia donde ha sido difícil crecer, pero desde la resiliencia poco a poco usa ese conocimiento para dar un nuevo sentido a su presente. No se trata de borrar lo vivido, sino de dejar que sea parte de lo que permite seguir creciendo.

El cuidado es el valor y capacidad de acompañar con sensibilidad y empatía para conectar, para permitirnos vernos y escucharnos; y con respeto hacia la persona, a sus ritmos y sus decisiones.

El diente de león necesita luz, agua, un terreno donde crecer y expandir sus raíces, pero no necesita que los cuidados sean espectaculares ni intensos, sino unas condiciones estables y constantes, mantenidas en el tiempo.

Un proceso terapéutico también se basa en la constancia: no es “arreglar” a la persona con una intervención puntual, sino sostener condiciones estables que permitan que el crecimiento ocurra por sí mismo.

El crecimiento es un proceso continuo de aprender, cambiar y ampliar la propia forma de estar en el mundo, de nutrir la identidad.

El diente de león está en constante crecimiento. Empieza como una flor cerrada, se abre, florece, y cuando esa etapa termina, se transforma en un globo blanco de semillas que el viento lleva a nuevos lugares, listas para volver a enraizar en otro sitio. Ese cambio no es un final sino un nuevo capítulo.

Un proceso terapéutico parte de ese mismo concepto: abrirse sesión a sesión, a la forma y al ritmo que cada persona pueda sostener, trabajando el autoconocimiento y creciendo día a día para poder transformarse sin dejar de ser.

Resiliencia, cuidado y crecimiento son las raíces principales de las que surge este centro. Y desde ellas, quiero acompañarte a encontrar las tuyas.

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